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miércoles, 19 de noviembre de 2008

MiTiN

Apreciada multitud de calaveras
que me oís desde el palco de la iglesia,
he venido a donaros el discurso
de un ser que vive y muere en pena.

A mordiscos me he desgarrado el alma,
entre zarzas caminos dio la tierra,
y las ascuas de fuegos infinitos
siempre pavimentan mi carretera.

Por tanto, yo desciendo a los infiernos,
por tanto yo merezco mi alma en pena,
pues de tanto sufrir, ya no soy nada,
y de tanto ser nada, ya soy piedra.

Dura roca forjándose en mi pecho,
acero puro corriendo por mis venas
y tus ojos de niño entre las rejas
hundieron mi dureza en lava fresca.

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