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miércoles, 1 de julio de 2009


Derrite el hielo con tus lábios
funde el dolor de mi alma
con el calor de tus besos...
Cuando el frio de la noche
me envuelva con su lengua
de soledad...

Haz que tus brazos me acojan
en su eterno y dulce regazo
y acúname hasta que
los primeros rayos de sol
acaricien la piel de mi cara.
Y así, con la luz
de tus manos
con el calor de tu boca
y la música de tu acento,
déjame vivir al arruyo del agua
de las fuentes y acequias
de tu huerto.